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| Yaxchilán Zona Arqueológica Chiapas |
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Más de 120 edificios y monumentos
reciben al curioso visitante de esta
zona arqueológica, una de las más
representativas de la cultura maya, cuyo
origen, esplendor y ocaso dejó huella en
múltiples testimonios que siguen
sorprendiendo tanto a investigadores
como a turistas en general.
Hazañas de gobernantes, ceremonias
rituales, vida cotidiana, son algunos de
los episodios registrados en diversas
series de jeroglíficos, muchos de los
cuales aún aguardan pacientes
investigaciones de expertos que logren
abrir nuevas ventanas al pasado.
Localizada a orillas del río Usumacinta,
Yaxchilán, en el estado de Chiapas,
invita a recorrer plazas, altares,
escalinatas, así como admirar sus
estelas, esculturas y dinteles que dan
cuenta del desarrollo de esta cultura
singular.
Escondida en la selva
Acceder al sitio es una aventura. Se
localiza a 173 kilómetros de Palenque
—otra zona arqueológica de importancia
vital—, y es necesario llegar primero al
crucero Corozal, partiendo por la
carretera federal número 199. De ahí se
transita por una desviación de 13
kilómetros hacia la Frontera Corozal, en
donde se aborda una lancha para hacer un
recorrido de aproximadamente una hora.
Para todo aquel que quiera acercarse a
uno de los más importantes asentamientos
de la cultura maya, la recompensa será
mayúscula, ya que encontrará más de 100
monumentos escultóricos con
inscripciones jeroglíficas, que han
permitido establecer su cronología y la
secuencia de sus gobernantes.
La zona puede visitarse todos los días,
de 10 a 17 horas, localizada en medio de
un entorno natural protegido, rico en
especies de flora y fauna |
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Si
bien, Yaxchilán alcanzó su
esplendor hacia el año 600 d.C.
gracias a conquistas y alianzas,
y culminó hacia el año 800 d.C.,
con el abandono de la ciudad.
Esta caída se inscribe en el
fenómeno común de declinación de
las ciudades en las tierras
bajas llamado “colapso del
Clásico maya”, entre el 800 y
900 d.C.
La Gran Plaza, la Gran Acrópolis
y la Pequeña Acrópolis, con
cerca de 120 edificios,
representan un reto para el
viajero que, con cámara
fotográfica o de video en mano,
busca registrar afanosamente
algunos fragmentos del poderío
de esta gran metrópoli
prehispánica.
Fue durante los últimos 120 años
de existencia de esta antigua
urbe cuando se labraron cerca de
100 monumentos con textos
jeroglíficos y representaciones
de los protagonistas de diversos
eventos, principalmente de los
gobernantes, entre los que
destacan Escudo Jaguar I (681 a
742 d.C.). Pájaro Jaguar IV (752
>a 768 d.C.) y Escudo Jaguar II
(771 a 800 d.C.).
El Edificio 19 es el que
funciona como acceso al sitio.
El nivel superior del inmueble
cuenta con una crujía principal
y algunas habitaciones anexas.
Dos escalinatas estrechas
conducen a galerías subterráneas
que llevan a pequeños cuartos.
Es probable que el edificio
fuera empleado en ritos de
iniciación dirigidos a
sacerdotes, quienes simulaban un
viaje al inframundo.
Una ducha para aguantar el calor
Muchos buscan el famoso baño de
vapor, que se encuentra en el
edificio 17 de la Gran Plaza, el
cual tenía un carácter ritual y
se usaba en ceremonias de
purificación, generalmente
asociadas al juego de pelota.
Justamente el edificio 14 remite
al célebre juego, con dos
plataformas que conforman la
cancha. En ella hay cinco
marcadores, tres están sobre el
eje principal y el resto sobre
los terraplenes.
En la misma área, las
estructuras 12, 13, 10, 74 y 11
forman un conjunto interesante
que, al parecer, se utilizaba
como un palacio, similar a los
palacios de Palenque y Tikal
AAllí se ubica también el
edificio 6, llamado Templo Rojo
de la Ribera, que destaca por el
colorido de sus estucos. Hasta
allá han llegado caravanas de
grupos indígenas para llevar a
cabo ceremonias rituales. Por
esa razón se ha localizado gran
cantidad de cerámica lacandona y
tablas de rezo.
Otra de las edificaciones que
sobresale de la zona es la 21,
por su estela y decoración en
estuco, en la cual aparecen
cuatro mujeres y un hombre
sentados sobre una banqueta, y a
los costados igual número de
cabezas de serpiente de cuyas
fauces emerge la figura de un
Tláloc.
Una magnífica serie de dinteles
decoran el edificio 33, en los
que se narra la secuencia
dinástica de Yaxchilán.
Precisamente, la última fecha
registrada es entre el año 800 y
808 d.C., cuando el poder es
detentado por el señor conocido
como Mahk’ina, “Cráneo” III. A
partir de ese momento dejan de
inscribirse textos jeroglíficos
y culminan las actividades
constructivas y comerciales de
la ciudad maya.
El ingreso a los principales
edificios de Yaxchilán, en su
periodo de esplendor, estaba
sumamente restringido, pues
únicamente accedían los
gobernantes y la nobleza para la
realización de ciertos rituales,
afortunadamente hoy está abierto
a viajeros incansables y a todo
aquel que guste conocer las
maravillas del pasado. |
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