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Según
lo explica el biólogo Víctor Hugo Hernández Obregón, al
color de este río, en general, contribuye también la
vida orgánica particular presente en su interior, aunado
a la refracción de la luz solar y de la vegetación que
lo acompaña a lo largo de su recorrido. Pero, además, cuenta con una gran
cantidad de balnearios naturales, de distintas
profundidades y extensiones, con lirios, arbustos,
orquídeas y una diversidad de flores adornándolo.
En el recorrido río abajo, partiendo del ejido “Las
Nubes”, el turista encuentra a su paso una gran cantidad
de caídas de agua, de diferentes tamaños, generando con
su permanente golpeteo un arco iris al alcance de la
mano del paseante, para tomarse la foto con él o para
saltarlo, como a una cuerda multicolor.
Río abajo los rápidos permiten la práctica del raffting,
como una alternativa para la diversión, particularmente
para quienes disfrutan de este deporte.
Pero, en el paseo a pie, otros atractivos se presentan a
la vista del paseante, entre ellos los sumideros de
agua, incluyendo la llamada “licuadora”, capaz de jalar,
a grandes velocidades, miles de metros cúbicos de agua
por segundo, con todo lo que encuentre a su paso.
Más adelante aparece una caída de agua, semejante a una
límpida cortina blanca, conocida como “Cascadas Las
Golondrinas”, porque estas aves juguetean ahí, al amparo
de ese manto de agua y la cueva donde, además, algunas
tienen su nido.
“El Cañón del Arco Iris”, apreciable en las mañanas
cuando el río amanece con mayores volúmenes de agua,
toma su nombre precisamente de esa argolla multicolor,
cuando fuertes chorros azotan contra las rocas y se
convierten en brisa, descomponiendo ésta a la luz solar.
El Río Santo Domingo un buen día se encontró con una
enorme peña a su paso, pero la fuerza de su caudal se
impuso, rompiendo el peñasco, naciendo así el “Cañón
Peña Alta”, donde se forma un arco rocoso, cediéndole el
paso a las aguas caudalosas, con todos sus millones de
macabíes, mojarras, pejes de hasta 12 kilogramos de
peso, bagres, pichinchas y nutrias, entre otras especies
acuíferas.
En la parte alta de este cañón, sobre el cerro, aparecen
dos cedros frondosos, asidos de las grietas de las
peñas, sólo accesibles a quienes saben practicar del
rappel, o ni para éstos, conocido por eso como el
mirador de “Los Cedros Intocables”.
Sin embargo, para acceder al mirador de “Los Cedros
Intocables” el paseante debe abandonar la ribera del río
y meterse a la montaña, en plena Selva Lacandona, por
caminos rústicos, aunque transitables, siempre con las
medidas de precaución necesarias.
Experiencia inolvidable… así, el paseante inicia una
experiencia más, practicando el senderismo, conociendo
de cerca animales diurnos como los tucanes, pericos,
loros chachalacas, pollas de monte, azulejos, colibríes,
pinzones, o cuadrúpedos como el tejón (que anda en
manadas), jabalíes, andasolos (tejón adulto mayor) e
inclusive algunos ejemplares de los cenzos, o coche de
monte tamborero, el animal más atacante de la zona, hoy
un poco más alejado del lugar.
Otros animales susceptibles de encontrar son el jaguar,
el puma, ocelote, tepezcuintle, y aves como el tucán, la
pava y la cocolita.
También, se escucha el trinar de las aves, el lenguaje
de los chiflones, las caídas de agua y de los imponentes
rápidos, hasta arribar al mirador “Vista Hermosa”, el
lugar más alto del peñasco a donde el paseante puede
llegar, para descubrir, maravillado, cómo el caudaloso
río se bifurca y enrolla con sus dos brazos al verde
islote, acompañado éste de sendas playas a los lados,
con sus iguanas verdes que, ahí, junto al arenal,
depositan sus huevos que un día habrán de dar a luz a un
nuevo ejemplar del animal.
Una parte del recorrido termina aquí, pero el turista
igual puede cruzar al otro lado del río, a través del
puente colgante, e inclusive acceder a las playas
avistadas desde el mirador “Vista Hermosa”, saltar de
piedra en piedra, bañarse, lanzarse en clavados,
disfrutar de los rápidos más indulgentes, o pescar con
la caña y el anzuelo un peje o cualquier variedad de
mojarra.
En 1977 se formó este ejido, en 1980 quedó registrado
con gente de la etnia mame, mayoritariamente proveniente
de la Sierra Madre de Chiapas, antes sólo se entraba a
pie, a caballo o en avioneta.
Amanecer con el sonido de la naturaleza, el placer de
visitar “Causas Verdes Las Nubes” es disfrutar de un
amanecer con el sonido de la naturaleza, el lema de la
organización y de este centro vacacional ecoturístico,
pues aquí el turista despierta con el canto de las aves,
el murmullo de la cascada y del medio ambiente.
Por ello, agrega, se han establecido normativas para los
visitantes, que incluye la hora de dormir, regulado para
no afectar a los demás, no tirar basura en el sendero,
no recolectar plantas, apagar la luz a las diez de la
noche, no circular después de esa hora y no introducir
armas de fuego o deportivas. Transgredir esas normas
implica hacerse acreedores de una sanción.
“La mayoría de los visitantes vienen con el fin de
descansar, ver el anochecer del lugar, para despertar al
día siguiente con una mente sana, respirando el aire
puro de las aproximadamente mil 800 hectáreas de selva
virgen”.
Para mantener la armonía del lugar, el ejido ha
establecido una serie de normas para los visitantes, por
lo que está prohibido tirar basura en los senderos,
recolectar plantas y circular por los alrededores
después de las diez de la noche, hora en que se apaga la
luz. Tampoco se permite introducir armas de fuego o
deportivas.
La única manera de llegar al ejido Las Nubes, Maravilla
Tenejapa, es vía terrestre. Las Nubes se localiza a 120
kilómetros de Comitán de Domínguez.
Llegando al parque nacional Lagunas de Montebello, toma
la carretera fronteriza del sur hasta encontrar el
señalamiento de Las Nubes, aproximadamente a 60
kilómetros.
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